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14 de septiembre de 2026El acné puede desaparecer y, sin embargo, seguir dejando huella mucho tiempo después.
Pequeñas depresiones en las mejillas, irregularidades en la textura, zonas elevadas o marcas que hacen que la superficie de la piel ya no se vea uniforme.
Solemos agrupar todo bajo el mismo nombre: cicatrices de acné.
Pero existe una cuestión importante que no siempre conocemos: no todas son iguales.
Y precisamente por eso, tampoco existe un único tratamiento capaz de corregirlas todas.
¿Por qué el acné puede dejar cicatrices?
Cuando aparece una lesión inflamatoria de acné, la piel activa sus mecanismos naturales de reparación.
En algunas ocasiones este proceso se completa sin dejar una alteración permanente. En otras, especialmente cuando la inflamación ha sido intensa o profunda, puede producirse una modificación en la cantidad o distribución del colágeno durante la cicatrización.
El resultado puede ser una zona hundida, elevada o con una textura diferente a la piel que la rodea.
La profundidad de las lesiones, el tiempo durante el que el acné permanece activo, la predisposición individual y la manipulación de los granitos pueden influir en la aparición de estas cicatrices.
Una marca de acné no siempre es una cicatriz
Esta distinción es importante.
Después de desaparecer un granito pueden permanecer zonas rojizas u oscuras durante cierto tiempo. Aunque coloquialmente también las llamemos marcas, no necesariamente existe una cicatriz.
Una cicatriz implica una modificación de la estructura de la piel.
Diferenciar entre pigmentación residual y una verdadera cicatriz es fundamental porque el abordaje será diferente.
Por eso, antes de empezar a probar productos o tratamientos, el primer paso debería ser determinar exactamente qué tipo de alteración presenta la piel.
Cicatrices hundidas: las más frecuentes
Muchas cicatrices producidas por el acné son atróficas, es decir, presentan una pérdida de tejido que hace que la superficie quede ligeramente hundida.
Dentro de este grupo existen diferentes formas.
Algunas son pequeñas y profundas.
Otras tienen bordes más definidos.
Y también existen cicatrices más amplias y suaves que generan ondulaciones en la superficie de la piel.
Una misma persona puede presentar varios tipos al mismo tiempo, algo bastante habitual después de haber sufrido acné inflamatorio durante años.
También existen cicatrices elevadas
Aunque son menos frecuentes, el acné también puede producir cicatrices hipertróficas o queloides.
En estos casos sucede prácticamente lo contrario: durante la reparación se genera un exceso de tejido y la cicatriz queda elevada respecto a la piel que la rodea.
Son especialmente habituales en determinadas zonas del cuerpo, como el pecho, los hombros o la espalda.
Su tratamiento es diferente al de las cicatrices hundidas, otra razón por la que resulta tan importante realizar una valoración individualizada.
¿Se pueden eliminar completamente?
Cuando hablamos de cicatrices conviene establecer expectativas realistas.
El objetivo de los tratamientos suele ser mejorar su profundidad, textura y apariencia, consiguiendo que resulten menos visibles y que la superficie de la piel sea más uniforme.
El grado de mejoría dependerá del tipo de cicatriz, su profundidad, el tiempo de evolución y las características individuales de cada paciente.
Por eso es difícil hablar de resultados sin valorar previamente la piel.
¿Qué tratamientos existen para las cicatrices de acné?
Actualmente, la dermatología estética dispone de diferentes procedimientos destinados a mejorar las cicatrices.
Dependiendo del caso, pueden utilizarse tecnologías láser, procedimientos orientados a estimular la producción de colágeno, peelings médicos u otras técnicas específicas.
En determinados pacientes, la mejor estrategia puede consistir en combinar diferentes tratamientos, ya que cada técnica actúa sobre un aspecto concreto de la cicatriz.
No se trata de encontrar «el mejor tratamiento para el acné» en términos generales.
Se trata de encontrar el más adecuado para esas cicatrices concretas.
Primero hay que controlar el acné activo
Este punto puede parecer evidente, pero es fundamental.
Si todavía existen brotes importantes de acné, generalmente será necesario controlar primero la enfermedad antes de centrar el tratamiento en las cicatrices.
De lo contrario, mientras intentamos mejorar las marcas existentes pueden continuar apareciendo nuevas lesiones y, potencialmente, nuevas cicatrices.
Tratar el problema desde su origen permite plantear después una estrategia mucho más coherente.
Cuidado con intentar tratarlas en casa
Las redes sociales están llenas de dispositivos, ácidos y procedimientos que prometen eliminar cicatrices desde casa.
Sin embargo, utilizar concentraciones inadecuadas o técnicas agresivas sin supervisión puede provocar irritación, quemaduras o nuevas alteraciones de la piel.
Una cicatriz profunda no desaparece por aplicar un cosmético más potente.
Y tratar la piel de forma excesivamente agresiva puede acabar creando un problema añadido.
El tratamiento empieza identificando qué cicatriz tenemos delante
Dos personas que han sufrido acné pueden presentar pieles completamente diferentes.
Incluso dentro del mismo rostro pueden coexistir varios tipos de cicatrices.
Por eso, un tratamiento personalizado comienza con una valoración médica que permita analizar la profundidad, distribución y características de cada una.
En GlobalDerm, el abordaje de las cicatrices de acné parte de una valoración individualizada para determinar qué opciones pueden resultar más adecuadas según las características y necesidades de cada paciente.
Porque mejorar las huellas que deja el acné no consiste en borrar el pasado de la piel.
Consiste en entender cómo ha cicatrizado para saber cómo podemos ayudarla a mejorar.
Enlazado interno recomendado
- Dermatología estética.
- Tratamientos para el acné.
- Láser dermatológico.
- Peelings médicos.
- Tratamientos de estimulación de colágeno disponibles en GlobalDerm.
Sugerencia de imagen destacada
Un primer plano natural de una persona adulta donde se aprecien cicatrices leves o moderadas de acné y textura real de la piel. Nada de un antes/después exagerado ni una piel artificialmente perfecta: interesa que el lector reconozca un problema real y tratable.




